martes, 12 de diciembre de 2017

Cómo quemar a un residente

Esta es mi historia... entremezclada con las historias de muchos otros residentes de mi especialidad y de otras especialidades (médicas y quirúrgicas). Algunos de ellos son amigos de facultad, otros anónimos que me envían emails como vía de escape.

Esta es la historia de muchos de los residentes en España (supongo que no es muy diferente en el resto del mundo). Me gustaría pensar que no todos estamos así. Me encantaría pensar que no llegamos ni a la mitad.

Esta es nuestra historia. Narrada a veces en primera persona, aunque no sea mía.

Yo no quería ser médica. Nunca quise serlo hasta que quise. Me costó algunos años querer, porque yo me sincopaba con la sangre. Pero el día que quise... no pude parar. 
Me presenté a exámenes voluntarios para subir nota. Presenté mi preinscripción en casi toda España y soñé. Celebré por todo lo alto mi admisión en la carrera. Ese fue el primer subidón. Seguido de tantos otros: la primera práctica de anatomía, los primeros aprobados, la primera práctica clínica con bata impoluta y colocándome el fonendo del revés... 
Exámenes, más exámenes. 6 años de exámenes. Café, chocolate, lágrimas, verano y vuelta a empezar.  Historias de amor y desamor. Amistades de un día y amigos para siempre. 
Y el único fin de todo eso... ser médica. Ni una vez me arrepentí de estar ahí. Todo merecía la pena por alcanzar el objetivo.

Y luego el MIR. Decenas de entradas plasmadas en este blog y en cientos más de lo que conlleva la preparación. No me voy a repetir. Consigues un buen número. Incluso eres el número 1 del MIR. 

El día de la elección lo recuerdo como uno de los mejores días de mi vida. Es extraño que mirando a atrás me den ganas de abofetear a mi "yo" de entonces unas cuantas veces. Por ilusa. 
La sensación era de que todo había merecido la pena. 

Comienza la residencia y de R1 casi todo es luz y color. Y pasa la residencia y ves que se te va agriando el carácter. Que no sabes si lo del estrés y las canas tiene un fundamento científico... pero tú te has llenado de canas. Y de disgustos. Y de rabietas. 
Y entonces llega el punto de que a ti te ha pasado, pero otros lo confiesan antes que tú: "ayer salí llorando del hospital". Y le pasa al de lágrima fácil y al "duro".

Decían que a todos los residentes les pasaba. Que cuando preguntas por la especialidad no le puedes preguntar a un R4 porque está quemado. ¿Pero qué pasa si le preguntas a un R3? ¿Incluso a un R2? 
Y la pregunta del millón... ¿cómo consigues que se queme una persona que ha invertido x años de su vida en llegar ahí, que está haciendo el que se supone que es el "trabajo de sus sueños"? ¿Cómo consigues que se queme una persona en 3 años? 


No es tan complicado. Basta con seguir unos sencillos pasos:


  • Ponle un año o dos, o más... a hacer guardias en la puerta de urgencias (que curten... ¡claro que curten!) con el mínimo apoyo posible. Deja que lo ningunee todo el mundo. Desde auxiliares a jefes de la guardia. No lo defiendas nunca ante un paciente. Déjalo solo y critica sus fallos a sus espaldas.
  • Recibe al residente en el servicio con vítores. Con la alegría que conlleva tener un trabajador capaz de echar horas y horas, cobrando poco y guardando silencio.
  • Asume que el residente cuando entre en el servicio ha adquirido la TOTALIDAD de los conocimientos de la especialidad. Por ciencia infusa. Sorpréndete cuando le hables de alguna peculiaridad de la especialidad y él la desconozca.
  • Ante el desconocimiento del residente... procura no explicarle nada. O mejor aún, explícaselo a los estudiantes en bajito por si se entera el residente. Recuérdale que tiene que estudiar más (aunque sea su primer día... siempre se le puede recordar)
  • Utiliza la segunda persona del plural para involucrar al residente en tus propios errores: "Se nos olvidó hacer esto..." "No nos fijamos en aquello..."
  • Recuérdale cada cosa que ha hecho mal. Desde olvidar una tilde en un informe hasta algo importante. No le expliques la manera de hacerlo correctamente, así podrás recordarle día a día todo lo que hace mal.
  •  Si crees que alguna vez ha hecho algo bien (incluso, muy bien) procura que no se entere nadie, o directamente asume el éxito del procedimiento. No le felicites ni le des una palmadita en la espalda... no vaya a ser que se lo crea.
  • Delega los pacientes/cirugías que no te apetece ver/hacer en el residente. Sobrecarga su agenda y posteriormente critica su falta efectividad.
  • Planifica unos rotatorios pensados para cubrir las deficiencias del servicio y no en la formación del residente.
  • Ponlo en evidencia delante de otros adjuntos (eso sí... con una sonrisa)
  • Hazte el sorprendido cuando te enteras de que para terminar el trabajo de la mañana, tiene que invertir buena parte de la tarde. Al minuto de eso, recalca la poca implicación de los residentes en "x" proyecto del servicio. De paso, vuelve a recordar que tienen que estudiar más.
  • Indígnate si escuchas alguna voz que reclama la libranza de las guardias. Alegar al que "siempre se ha hecho así" es un nivel de evidencia AI que justifica no librar.
  •  Haz que el día de libranza sea más eterno de lo habitual. No permitas que se vaya ni 5 minutos antes aunque no haya nada que hacer y su labor sea prescindible.
  • Cuestiona a espaldas del residente las prioridades de su vida (aunque esa prioridad sea llevar al médico a su hijo)
  • No te intereses en ningún momento por la vida de tus residentes: de dónde son, qué les preocupa... Asume que toda su vida, 24 horas del día durante 4 o 5 años, gira en torno a la especialidad. Siéntete con la libertad de recordar su escasa implicación si te enteras de que quedó para cenar con unos amigos.
  • Si eres resi mayor... no hagas nada por tus resis pequeños. Es más, a ser posible, haz que padezcan lo mismo o más de lo que tú has padecido. Si haces algo mal... cúlpales a ellos. Sé un cacique en las puestas de guardias. No permitas que tengan un fin de semana libre. Crea nuevos caciques.
  • Si eres adjunto y piensas diferente, no defiendas nunca públicamente a un residente, ni siquiera pongas mala cara. Asume que la situación no puede cambiar.



En resumen... haz que llore. Haz que su vida como residente deje de tener sentido. Haz que se plantee dejar la residencia (y que no la deje porque no cree que su situación mejore repitiendo el MIR)  Haz que deteste la profesión que eligió. Haz que "se le quiten las ganas de vivir" (suena exagerado... pero me lo han escrito en un email).


Cuando pregunté en distintos hospitales, una R2 (se supone que "no quemada" porque por lo visto solo se queman de R4...) me dijo que en ese momento no es que no haría esa especialidad... es que no haría medicina.


Es triste que haya tantos residentes así... y tan poca gente dispuesta a que la situación cambie.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Comentarios sin publicar... Desastre... jaja

Estaba yo... bicheando por el blog después de más de una semana sin encender el ordenador...

¡Y me he dado cuenta de que tenía tropecientos de comentarios sin publicar! ¡¡Desde febrero!! ¬ ¬

Así que pudo disculpas a los afectados... y no prometo volver pronto. Porque esto es una locura...

Solamente prometo volver... cuando signifique no robarme horas de sueño, ni mi capítulo de "lo que sea" de Netflix... jaja


ÁNIMO A LOS MIRES


PD: En algunos de los comentarios hubo gente que me pedía cosas y ya no me acuerdo... jaja cualquier cosa, preguntad por aquí, o mandad email (ver a la derecha). Intento contestar a todos a tiempo.

lunes, 2 de octubre de 2017

¿Qué hace un médico cuando pasa planta? - Hematología. Rotando en planta

La  especialidad de Hematología y Hemoterapia es "estrictamente" hospitalaria. Prácticamente no hay  hematólogos en centros de especialidades, ni con consulta privada ni nada que se le parezca.
La pregunta del millón (a veces entre los propios médicos) es... qué leches hace un hematólogo.

Quizás, la parte más fácil de entender, porque es lo más visible o lo más cercano que puede tener la gente profana  a la medicina... es la parte clínica de la hematología.

Y aunque esto es extensible al resto de especialidades, yo me centraré en lo mío... que es lo que conozco.

Actualmente estoy rotando en la planta de hematología. Mi padre me preguntó que qué se suponía que hacíamos al pasar planta. Porque él, lo único que veía cuando algún familiar había estado ingresado, era que el médico se pasaba 5 minutos y hasta mañana no lo vuelves a ver.

Por un momento, casi me ofende, jaja. Teniendo en cuenta que, en la sección  de la planta que estoy rotando (excluye a los pacientes que ingresan para un trasplante y sus complicaciones) como mucho hay 14 ingresados... implicaría una hora y 10 minutos de trabajo al día. ¿A qué se supone que dedico el resto del tiempo?

He de decir que mi padre es profesor. La comparación viene a ser similar a si yo pensase que un profesor solo trabaja las horas en las que está impartiendo clase.
Y así traté de explicárselo...

Pero puedo entender que cunda el pánico y que entre la población general parezca que el médico pasa a saludar, a explorar (en el mejor de los casos) y después se dedique a tomar el café o jugar a Anatomía de Grey.

Voy a intentar desmontarlo... Entonces... ¿Qué leches hacemos cuando pasamos planta?

Mi jornada laboral teórica es de 8 a 15 horas (la realidad es que desde que soy R2, no he salido ningún día a las 15 horas...) Pero no creo que nadie haya visto a un médico pasando planta a las 8... Así que... procedo!! =)

8 - 9 horas  -->  tomar el café.  No... en serio... Sesión. En las sesiones diarias comentamos en primer lugar los pacientes que han ingresado durante la guardia para el mejor abordaje posible durante el tiempo de ingreso. También, en función del día, hay sesiones específicas sobre algún aspecto de la especialidad (pacientes de
consultas externas, propuestas para trasplante, sesiones formativas donde alguien expone un tema...) En general, en las sesiones se trata de poner en conocimiento al resto del servicio de lo que está pasando... para ayudarnos entre todos y para coordinarnos.

9 hasta.... que terminemos --> pasar planta "en sí".
(Recuerdo que esto es siempre en relación a mi especialidad)
Tiendo a empezar por los pacientes más complejos o que pienso que van a requerir de cambios y realización de gestiones a primera hora de la mañana.
Reviso sus analíticas, solicito transfusiones en el caso de que hiciera falta, reviso los  últimos episodios de fiebre, resultados de pruebas anteriores que pudieran estar pendientes... etc. Y paso a verlos.
Cuentan si hay alguna novedad en cuanto a sus síntomas y procedo a explorar.
En general, en hematología solemos hacer una exploración básica diaria que incluye la auscultación cardiopulmonar y revisión oral. Generalmente también exploramos abdomen (pero algún día, si el paciente está asintomático, puede no ser necesario)
Según el paciente y el momento del tratamiento, explico en qué punto estamos, los resultados de la analítica del día y los pasos siguientes a dar.

Bien... sencillo, ¿no?

Pues después... toca hacer cosas (la parte que no se ve...) 

- Escribir la nota de evolución (con un soporte informático que no siempre facilita las cosas)
- Realizar todas las gestiones que sea preciso realizar: solicitar valoración por parte de otros especialistas, realizar los cambios que haga falta en el tratamiento del paciente e informar a enfermería de los cambios...
- Solicitar pruebas diagnósticas (analíticas diarias para la mayoría de los pacientes, exploraciones radiológicas para quienes correspondan... etc etc etc)
- No en todos los pacientes ni todos los días... pero sí todas las semanas: realizar técnicas (en nuestro caso suele ser realización de aspirado/biopsia de médula ósea (unos 20 minutos entre unas cosas y otras)y  administración de quimioterapia intratecal con punción lumbar previa (entre 5-20 minutos según las dificultades que se presenten...jaja)
- Pautar quimioterapias (al no ser un tratamiento "cualquiera"
- Elaborar informes de alta (y nuestros informes con frecuencia ocupan 3-4 folios por las dos caras!!! ¡¡Eso no se escribe solo!!. Hacer recetas (lo de la receta electrónica será muy cómodo para otros... pero se pierde muchíiiiiiiiiiiiisimo tiempo en hacerlas...)

Y perder el tiempo con los mil y un problemas informáticos que hay a lo largo del día...


Y a todo esto hay que añadir la parte de... PENSAR. Porque como decía el internista con el que roté... "A nosotros nos pagan por pensar"... Pensar qué es lo que le está pasando a determinado paciente... reflexionar sobre sus síntomas y la concordancia o no con las pruebas complementarias, buscar información, consultar el tratamiento más adecuado...


Y sumadas a todas estas cosas (que hay que hacer con todos los pacientes...) falta una de las partes más importantes: Las interrupciones. Interrupciones son las llamadas por teléfono que hay que resolver (llamadas desde farmacia porque consideran que el tratamiento que has pautado no es exactamente correcto, llamadas desde micro porque a X paciente le ha salido postivo tal microorganismo en un hemocultivo, llamadas desde enfermería de otras plantas porque tienen duda con X paciente, llamadas desde otros hospitales de la región porque compartís algún paciente o porque quieren trasladar un paciente a tu centro). Atención directa a otros especialistas que vienen a comentarte al paciente por el que has consultado o vienen a comentarte a algún paciente que requiera de la atención de un hematólogo, preguntas o dudas de enfermería sobre los pacientes...

Y a tooooooodo esto... hay que añadir... que los pacientes pueden estar bien... pero pueden no estarlo. Pueden empeorar durante la mañana o inestabilizarse. Y eso puede requerir de gran parte de tu tiempo durante la mañana. Lo que hará que el resto de tareas se retrasen.

Conclusión: ¡todavía estoy esperando el día en el que salga a mi hora! =)

Espero haber aclarado algunas cosas y remarcar que todas las acciones... ¡¡hay que pensarlas!! Esto no son matemáticas. Si así fuera, el personal sanitario podría sustituirse por un ordenador y fin de la historia =)

miércoles, 16 de agosto de 2017

El retorno...

Llevo mucho tiempo sin pasarme por aquí.
Muchas veces pienso en cosas que debería escribir: experiencias, entradas docentes... etc...

Pero cuando encuentro el tiempo (que no son muchas veces) no encuentro las ganas.

La residencia es una etapa intensa. El trabajo es infinito. A estudiar casi ni da tiempo... Las tardes se eternizan muchas veces en el hospital y acaba invadiendo tus temas de conversación y hasta tus sueños.

Y entonces entiendo por qué la mayor parte de los blogs terminaron agonizando una vez que empezaron la especialidad.

Pero qué sé yo. Anoche soñé que le pautaba como quimioterapia de inducción a un paciente joven con leucemia 5-azacitidina.... Entonces me desperté de golpe, y pensé que tenía que volver a escribir.

Pues eso... que volveré ;)

martes, 11 de abril de 2017

El milagro... - Conversando con pacientes

Me llegan muchos emails en el último mes de médicos, futuros residentes interesados en la Hematología. Me gustaría haber podido escribir los mil motivos para hacer / no hacer Hematología. Algunas cosas más concretas a preguntar en los hospitales...
Pero no me ha dado tiempo.

Espero que igualmente, esta entrada os sea de utilidad a los que tenéis dudas...


No recuerdo la primera vez que te vi. ¿O sí? Igual sí que la recuerdo...
Dos visitas a la semana en consultas. Durante meses. Un encierro hospitalario, pero durmiendo en casa. Siempre acompañado. 

Siempre encuentro algún motivo para empatizar con un paciente... desde el "podría ser mi abuelo" al "podría ser mi hijo" al "podría ser yo". 
Podrías ser mi padre... Puede que ese fuera el motivo. O no.  Al final el motivo es que eras tú. Punto.

¡¡Cuántas veces escribí tu fecha de nacimiento!! ¡Cuántas veces apostamos por las cifras de plaquetas! ¿Eh? 
Cuántos cruces de miradas cómplices... y esa manera de levantar las cejas sin decir una palabra, pero que me hace reír, porque he aprendido a intuir lo que estás pensando.
Tus escoltas regalan sonrisas. Es fácil trabajar con pacientes y familiares así.

Casi un año intercambiando plaquetas por risas. 
Casi un año. Ninguna queja. Siempre adelante. Ningún "pero". 

Y después se sucede una nube de hematología hecha letras que abarca desde la remisión completa al fallo de injerto, pasando por las fiebres... Qué más da. Ninguna queja.

No puedo miraros a los ojos. Es la primera vez que no os veo sonreír. Intento evitar pasar por ese rincón. Busco unas escaleras alternativas. Busco otros ojos. 
Hasta que cojo aire y me siento allí. En silencio. Sin saber qué decir. Sin saber qué hacer. También se me escapan las lágrimas. Me prestas un pañuelo. Solo el silencio. No hay sonrisas. Tampoco hay quejas. No hay rabia. 

- Estoy de guardia. Cualquier cosa que os haga falta... ya sabéis...

...

- Un milagro. Nos hace falta un milagro...

No pudo ser.





Esto es Hematología.
A los futuros residentes, solo decirles que si no queréis que vuestros pacientes se mueran, no hagáis hematología.
Si no queréis que os afecte la muerte de un paciente, entonces no os dediquéis a la medicina.


Y a ti... querido paciente, querida familia... sigo sin palabras. Intento fijar las caras en modo "sonrisa", aunque no sea fácil.
Gracias por todo lo que nos habéis enseñado en este año.